23.5.08

200

Esta es (creo) la entrada número 200. Y hoy estoy particularmente introspectivo (aunque el teclado de mierda este no ayude), así que haré un pequeño momento.
Esto empezó vacío, y se movió por lugares oscuros durante mucho tiempo (a los que todavía frecuenta, por así decirlo), pero nunca tuvo un alma. Ni me molesté en que la obtuviera. Diría que no tiene sentido continuarla (y es así, no tiene sentido), pero también creo que la extrañaría.
No quiero que se ponga literario, no quiero que se ponga popular, no quiero que sea una bitácora. Que sea lo que es, y que no sea lo que no-es.

Se vienen tiempos de cambios, se sabe esto. Hace un rato estaba pensando en las conexiones entre todo. La metáfora del tejido de la realidad es excelente. Ya para empezar somos en tanto ocupamos un espacio social. Y esto lo podés llevar a todos los sentidos y tareas. A toda cosa/persona/idea. Somos más relacionales que esenciales.

Y eso último duele saberlo. Duele cuando sentís que existís, y duele porque no tiene sentido. La libertad no tiene sentido, pero cómo me atrae. Pongamos por caso, que todo lo que hay son barreras, trabas y sujeciones del sujeto. ¿Y el sujeto? Ahí, en el fondo, atado al lenguaje, al edipo, a la institución, a la cultura, a la sociedad, a la moda, y a cuántas más cosas se te ocurran.

Cortemos acá, el resto me lo guardo para mí. (Partamos de la base que esto no está hecho para leerse, que apelo a un otro que no existe.)

19.5.08

Sueño?

No quiero dormir más, nunca más. Es una de esas batallas perdidas antes de empezar. Es -como se dice- quijotesco. Pero bueno, uno tiene ahí sus fantasías, sus planes, sus proyectos, pero si no hace algo, no van a escaparse de esas conexiones neuronales solitos.
-No hay nada interesante por ahí (el mundo del sueño, digamos), ya fui, ya volví, y todo lo que se consigue por esos lares es una u otra alucinación. Pero no dejes de ir, no. Si no vas cada cierto tiempo, ellos vendrán a buscarte. Tal vez no te des cuenta, tal vez pensés que podés huir. Tal vez puedas esconderte un tiempo, pero te aviso, que tarde o temprano llegan.
Tu cabeza va a hacer cosas extrañas, acordate lo que te digo. Primero vas a perder algunas nociones básicas, como la percepción de las necesidades. No vas a saber si tenés hambre o sed, ni si querés ir al baño. También se te va a ir de a ratos el sueño. Tu cuerpo va a enfriarse y a tensionarse. Luego, vas a perder poco a poco la habilidad de hacer la digestión. Tu cabeza va a cambiar de forma, o eso vas a creer. Tus ojos van a perder soporte, y se van a volver sensibles. Y esto es sólo el comienzo.
Tu mente va a empezar a llenarse de pensamientos de dormir. Va a llegar un punto en el que no vas a pensar otra cosa, pero por ahora falta. También se va a debilitar tu principio de realidad, no vas a saber qué alucinaste y qué viviste. Pero empieza de a poquito, y con cosas pequeñas. Después va a crecer y a crecer. Te puede pasar que escuches algo todo el tiempo (como una sirena, o el tic-tac del reloj), te puede pasar que por tu piel se arrastren hormigas, moscas, cucarachas. Vas a oler a quemado, o a carne podrida. Vas a tener metal en la boca. Pero todavía falta.
El hombre acostumbra a ver, la vista es mucho más importante que lo demás para el hombre. Y el sueño va a respetar eso. Por un tiempo. No vas a poder enfocarla, las luces fuertes te van a lastimar, vas a ver a destiempo. Y el examen de realidad va a empezar a fallar acá también. Esto es muy personal, pero podés ver todo azul, o ver objetos que antes no estaban, o las caras de tus conocidos van a tener algún detalle extraño, lo que significa que pueden no ser ellos.
En fin, tenés dos opciones: Primera, dormir cuando quieras pero respetando ciertos límites. Segunda, dormir cuando quiera el sueño, teniendo alteraciones muy locas.

Me voy a dormir.

7.5.08

Manifiesto opcional

Cómo leer esto: De izquierda a derecha. Si se llega al tope está permitido saltar al renglón de abajo. La oración primera de cada párrafo describe el quid de la cuestión, el resto es un agregado para jugar. Los paréntesis son opcionales, pero recomendados. Aquellos que estén interesados, también pueden jugar con los significados de las palabras; no es sólo el contexto el que determina su significado, sino ustedes.
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Y todos actúan desde el disfraz. Todas son personas (Leer en ¿griego?=Máscaras). ¿y abajo qué hay? No se sabe a ciencia cierta. Pero cuando uno trata de hacer otra cosa, ahí están, las máscaras viendo violados sus derechos, su statu quo, y saliendo a manifestarse en repudio de la expresión de... ¿la escencia (leer escena de esencia o algo así, a gusto del consumidor)?
Las decisiones triviales son las más importantes: no existe tal cosa como la trivialidad. Es una excusa barata para hablar de temas importantes de un modo sutil. No daré ejemplos porque creo que estos ejemplos se dan solos; simplemente escúchense en su próxima conversación trivial, y escuchen al otro. Si salen cosas desenmascaradas (despersonalizadas) pronto se sabrá que no es trivial. Y si miran detalladamente, verán por abajo de la máscara una piel verde, o algún otro signo extraño.
El azar no existe, es sólo orden no comprendido. Todo hecho aparentemente enigmático tiene por detrás un mecanismo de reloj, quizás ininteligible, pero existente. Que una persona (máscara) haga lo que hace tiene más significación de la que uno cree, esto es muchas veces complicado de determinar ya que no tenemos un método para averiguarlo. La cosa verde de abajo de la máscara es aun más esquiva.
El conocimiento es peligroso. Esto es tanto peligroso en el otro como en uno. Aspectos que previamente tenían connotaciones agradables son vistas de modo más real (perverso) que llevan a un "empapamiento de la realidad" que disgusta. Después de todo, el verde no es un color agradable si es el color de lo de abajo de la máscara.
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Creo que ahora se entiende por qué tirar los dados ante una decisión trivial es útil: La decisión trivial no merece nuestra conciencia, el azar es el que decide, y uno no corre peligro de saber algo.
Quien dice una cosa, puede estar diciendo totalmente lo contrario (o no).

3.5.08

Despersonalización

Sería injusto decir que me duele la cabeza. Pero te puedo decir que siento como si mi cerebro quisiera tocar el cerebelo con el lóbulo frontal. A eso sumale no saber el tamaño exacto de tu cuerpo, y visión confusa. Ojo, no es que vea mal, porque veo bastante definido, pero me cuesta formar cosas grandes y así. O darle sentido a escenas completas. Otra cosa, para seguir quejándome: duermo, pero me levanto cansado.
Y yo que decía que no somatizaba. Si no somatizo, debo estar del orto, porque si una enfermedad me hace esto voy para el carajo. Bueno, igual no es taaan grave. No siento que me vaya a morir ni nada por el estilo, pero me siento extraño: se desdibuja eso que en mi cabeza era yo. Se desarma; soy muchos yo, o uno particularmente desgarbado.
Y encima me hace acordar de un miedo de mi infancia: a la meningitis. No me acordaba de ningún temor en mí, pero le tenia miedo a esto, porque era como la muerte sin más, no hacía falta que yo hiciera nada, no había señales externas. Igual le hecho la culpa a la televisión y a todas sus armas propagandísticas del terror.
No saben lo raro que se siente sentirse raro y que no duela, ni altere la vida de uno. Hago lo de antes, pero ahora no sé si soy yo u otro el que las hace. Si tuviera que ponerle una sola palabra: despersonalización.

1.5.08

Llegan las dudas

Por mucho que luche contra el mundo, por mucho que me enferme de ciertas cosas, por mucho que aspire y ame a la perfección y desprecie a sus viles imitaciones, debo afirmar que me gustan las cosas simples:
Levantarse, luego de estar mucho tiempo sentado, y estirarse cual felino. Comer una pieza de pan, cuando tengo hambre. Sentarme en el techo y ver las nubes pasar. Un café bien hecho, bien saboreado. Bañarme hasta que se me arruguen los dedos. Dar una respiración profunda, y disfrutarla.
A la larga, y después de especulaciones teóricas de toda índole, tenemos el cuerpo. Y si vamos a usarlo, que sea por algo. Y si vamos a comer, disfrutemos. La complejidad es interesante, asombra, cautiva, pero nunca despreciemos las cosas que por simples, muchas veces ignoramos.

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Juan despertó una mañana, convencido de que le diría a María todo lo que pensaba de ella, que ya no iba a callar nada, que se dejaría llevar, y que todo saldría bien. Él sabía que eso ya lo había intentado muchas veces en el pasado, sabía que todo lo que pensaba se deformaba, y terminaba diciendo todo-al-revés. O por lo menos antes, mucho antes de que aprendiera a callarse. De que aprendiera a disimular, y a hacer fintas del lenguaje tan complejas que solo él hallaba sentido. Muchas veces creía que lo entendían, pero se dejaba el lugar a la duda, el lugar al idealismo, y el hoy era nada.
Muchas veces había pensado, "¿Por qué maría?". Parándose desde lejos se pensaría que son completamente distintos, incompatibles. Incluso él lo pensaba.
Por un lado, María, impecable, subsistía en la luz, buscaba brillos y los encontraba. Su imagen tomaba los colores claros, su mente las ideas pulidas, los caminos sin polvo. Recorría un mundo pacífico, lloraba a veces, pero pensaba felicidad, y la irradiaba. Todo cerraba en su mundo, parecería una foto perfecta.
Por el otro, Juan, gastado aunque joven, muy joven, con ojos que siempre buscaban grietas, con lengua filosa para las ideas de otros, con su timidez, y con sus colores sin color, escalas de grises y algunos tierra. Nada era perfecto para él, no, no. Todo era mezquino y perverso. Su mundo era imperfecto, parecía sacado de un policial negro.
Pero en el fondo, Juan creía que entre esos dos mundos había una conexión. Que ella era la llave, por ella pasaba al mundo externo, por ella se redimiría, y lavaría los cristales de su alma, para ver el futuro un poco menos negro.
Tan cerca pero tan lejos de María. Tantos casis, estaban ahí, se miraban pero no se veían. Juan se vía abrazándola siempre en el mañana, en el próximo día, pero ya estaba decidido. Y estuvo pensando eso toda la mañana, toda la tarde, durante las comidas y durante los respiros. Hasta que se cruzaron.
Y comenzó el juego. Hablaron de cosas poco importantes, de tal o cual eventualidad, hasta que, en un silencio, él preguntó -¿En qué pensás?-.
-Mmm, en nada en particular, ¿y vos? -.
Juan nunca pensaba que las preguntas volvieran, siempre lo tomaban por sorpresa con estas cosas, por más que en el fondo, él sabía que las preguntas volvían, y también sabía que le diría lo que pensaba. Empezó a buscar las palabras...
"Estaba pensando en cuando busco formas raras en tus ojos, que miro muchas veces tratando de que no me mires, y me pierdo en lo que estábamos hablando, y ya no sé dónde seguir la conversación, sólo pienso en esas islas, y en esos colores extraños, las formas que dibujan, los rayos salientes cual sol negro, las líneas que lo recorren, y me pierdo en ellos, y ya no me importa dónde estaba. Estaba pensando en cuántas veces nos esquivamos, queriendo o sin querer, pensaba en todas esas cosas que haría para mirarte, en todo aquello que haría para hablar un rato más. Pensaba en lo cómodo que estoy cuando hablamos, pensaba en todos esos chistes que nos hicimos y yo me tomé en serio, y en todas las preguntas que me planteás, en tu enigma. Y pensaba que todo esto era muy cursi, y que tampoco me importaba tanto. Pensaba también en qué cara ibas a poner cuando te dijera todo esto, y si te ibas a sonrojar por lo menos, o me ibas a decir que me equivoqué, que somos solo amigos. Y pensaba en lo mal que me pondría si me dijeras lo último, y que, al final de cuentas, prefería no decirte nada para que no huyeras. Ya que, cuando me pongo a pensar, somos de mundos distintos, vos brillás y yo irradio oscuridad, vos estás completa, y yo busco mis pedazos, vos volás y yo me arrastro, y no hay nada en mí que te pueda interesar. Y que en definitiva, si querés hablar conmigo dudo que es porque te intereses en mí..."
-Juan? estás ahí?-.
-Ah, sí!, ehhh... No pensaba en nada en particular, ¿viste que hoy temprano granizó?-.
Juan, siempre lo mismo Juan!. "Mañana le digo, pero de verdad!"

Borrador del útero muerto

Y me volví gris para sobrevivir a la lluvia de colores, y me volví mutante para sobrevivir a la normalización, y me volví loco para sobrevivir a sus juegos. Fluyo y me desplazo, soy el cambiaformas, seré incluso tu sombra, si ese lugar me sienta bien.
Pero me seguían, y me siguen todavía, y no hay piedra que resista, ni persona que no enferme, ni planta que no se seque, en sus manos. Están hechas de pequeños aguijones, de espinas sin rosas, de dulce muerte, de bella indiferencia.
Todo lo que tocan lo matan, y me buscan, pero me derramo; porque ahora soy líquido, ahora soy baba informe. Soy grumos de ser, que no quieren soportes. Y sé que lo único a ganar es tiempo, pero todavía no perdí las esperanzas.
Y no digo falsas esperanzas, porque sería redundante: ya sabemos que no existen otras.